Sin rumbo

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Autor: Simja Sneh

Colección: Escrituras

“¡Ah, ese asombroso y trágico siglo veinte!”, escribió el inglés Eric Hobsbawn. El caso del escritor Simja Sneh (1908-1999) resulta un retrato perfecto de una individualidad en aquella tormenta: sobreviviente de los campos nazis de Polonia, soldado en el frente ruso y en la Brigada Judía en Italia; luego sobreviviente de los atentados a la Embajada Israelí y la Amia en Buenos Aires. Finalmente, un notable escritor yiddish que escribía también en castellano y que tuvo reconocimiento del Nobel Isaac Singer (1902-1991). Y con éste coincidieron en su crítica a su comunidad por haber sido “tibia” con la dictadura 1976-82. Muchos otros costados de la vida de Sneh también son abordados en esta entrevista, tal vez, la última con la que Sneh estuvo dispuesto a repasar su vida de zozobra. Y como sentenció Simja Sneh al autor de la nota: “Ha sido una vida rica en experiencia… y pobre en dinero. Dicen que los judíos tenemos plata, pero algunos de nosotros sólo juntamos papeles. Es mi único capital, y lo sigo usando.”
Andrew Graham-Yooll / Periodista

Hasta el día de su muerte, el 14 de abril de 1999, el escritor Simja Sneh fue sin duda uno de los grandes sobrevivientes del siglo veinte. Un clisé puede ser y además parece inadecuado porque a todo sobreviviente le llega su fin. Pero en Simja Sneh tenía un resabio de precisión. Nació en Pulawy en octubre de 1914. Creció como estudiante y obrero fabril en la Polonia de preguerra, desde temprano con un compromiso político. Se incorporó al ejército polaco cuando Alemania invadió su país, precipitando la declaración de guerra de los aliados contra Hitler en septiembre 1939. De su ejército derrotado pasó al ejército soviético y, en una de esos cruces de fronteras de aventura y riesgo, llegó finalmente a incorporarse al ejército británico, desde donde vio acción en Palestina, Italia, Bélgica y Holanda.

En 1947 llegó a la Argentina, superando la burocracia consular. Y en sus últimos años en esta tierra, a pesar de ser conocido como periodista, co-fundador de revistas y escritor, además de ser, para un pequeño grupo de personas, “el último” escritor en Yiddish, llegó a la televisión de miles de argentinos como uno de los sobrevivientes del ataque a la AMIA el 18 de julio de 1994.
“Estaba sentado en mi escritorio del primer piso, inclinado frente a mi máquina de escribir (lo de inclinado es importante, me salvó la vida) cuando sentí un golpe en la cabeza y un ruido muy fuerte. Sabía que era una bomba. El dolor de cabeza fue de algo que me pasó raspando. De estar erguido el impacto hubiera sido directo. Salí corriendo, gritando a la gente que corra. Perdí un zapato en las escaleras. Afuera alguien me tomo de los brazos y me arrastró hasta una ambulancia. Me desmayé.” 86 personas murieron en ese atentado.
Al día siguiente del ataque, Simja Sneh estaba en pie. Su amigo, el escritor Ernesto Sabato (1911-2011) le hizo una conmovedora dedicatoria a su coraje y recuperación. Sneh se presentó en televisión para narrar su suerte. Pero la realidad fue que jamás se recuperó de una fractura de cráneo.

Su suerte había sido mejor cuando otro atentado terrorista demolió la embajada israelí en Buenos Aires el 17 de marzo de 1992. “Mi mujer, Berta, y yo salimos de un asesoramiento sobre las negociaciones de paz en Medio Oriente unos 30-40 minutos antes de la explosión. Cuando llegamos a casa, en la avenida Corrientes, escuchamos el estallido. Murieron 29 personas esa tarde.”
Tenía una voz arenosa, que interrumpía o acentuaba con sus pitadas a su interminable reserva de Le Mans Suave. Lo rodeaban en ese departamento de la avenida Corrientes fotos de sus tres hijos, fotos de grandes encuentros con escritores y políticos que pasaron por esa sala en lo que aun se considera el barrio judío de Buenos Aires.

Simjah Sneh se describía como escritor Yiddish en castellano.
En aquella mañana del atentado a la AMIA estaba dedicado, como desde hacía un tiempo antes, a la traducción al castellano de sus escritos en Yiddish, tarea extensa que para entonces había producido dos volúmenes de autobiografía (Sin rumbo/Na Venad), que publicó Milá en Buenos Aires en 1993. Pero tenía gran número de ensayos además de trabajos de ficción, que traducía y reunía. Su listado bio-bibliográfico se extiende a lo largo de doce páginas en el diccionario de escritores judeo argentinos (Escritores judeo-argentinos, Bibliografía 1900-1987, de Ana E. Weinstein y Miryam Gover Nasatsky. Editado por Milá, Buenos Aires 1994).

Su estilo literario es fuerte y muchas veces refleja su carácter algo cascarrabias. Si bien siempre hablaba con un sentido de humor bastante seco, su ficción está cargada de furia, como por ejemplo los cuentos en, "El pan y la sangre" (primera edición de 1997, reeditado por Sudamericana en 1986). Uno de los cuentos en este último volumen refleja una conversación llena de rechazo. Se trata de “El cheque” (referido a la compensación establecida por el gobierno federal alemán, que Simja Sneh se negó a recibir) en donde el personaje principal sufre tremendas pesadillas en las que se presentan todos sus familiares muertos por los nazis en Pulawy y Varsovia y le gritan y atormentan por recibir dinero en compensación por sus muertes.

Sin embargo, su esposa, Bejla Bialy, que fue traída a la Argentina desde Polonia a los tres meses, en 1923, decía que había sido seducida por uno de sus cuentos leídos en 1947 antes de conocer a su futuro marido. Esa historia en yiddish (que no fue traducida) titulada, Mi puño es una bandera el primero de mayo, se acomodaba a esos días revolucionarios de posguerra. Sneh se reía de su propia creación, “En aquellos tiempos estaba de moda ser obrero, parte del proletariado, revolucionario.”

Sneh había decidido emigrar a la Argentina en algún momento de los últimos tramos de la Segunda Guerra mundial. Estaba por tomar un tren en Eindhoven para pasar unos días de licencia en Amsterdam. Todavía estaba incorporado a la Brigada Judía del ejército británico. Antes de subir al tren logró comprar una botella de whisky y ya viajando conoció a un marino inglés, que había comprado un poco de pan, queso y carne: un banquete. “Compartimos, nos comimos y tomamos todo. El marino me dijo que se iba a Buenos Aires en cuanto terminara la guerra porque ahí tenía gente conocida... Le pedí que tratara de localizar a un amigo mío cuyos datos tenía. Algún tiempo después, mientras convalecía de una enfermedad pulmonar en Londres recibí carta del amigo perdido que me instaba a viajar a Sud América.”

En Londres Sneh había comenzado a escribir para una revista británica en yiddish. El director recibió carta del periódico yiddish, Die Presse, de Buenos Aires, solicitando le busquen un corresponsal en Londres. Sneh comenzó a mandar artículos a la Argentina. Al mismo tiempo, la Narod Press en Londres le publicó su primer libro (Oif Fremde Veg) en 1946. Era más bien un cuento corto bastante largo que había escrito en Bélgica en 1945 que trataba de la emigración judía de Europa oriental hacia Occidente. Sería un escritor.

Recordaba haber ido al Consulado Argentino en Londres para pedir una visa, pero intentaron desalentarlo. “La mujer que atendía me dijo que ya no había más lugar para judíos en Argentina.” Decidió viajar igual al único país donde le quedaba un amigo y donde podía empezar de nuevo. Sacó visa para Brasil, de ahí voló a Asunción. Desde Paraguay un contacto lo acompañó río abajo hasta Rosario. Mediante un rápido canje de documentos con su acompañante pasó migraciones con el documento del otro y entró a su nuevo país. Eso fue en 1947.
Se casó en 1948. Bejla, su esposa, había venido de Polonia con sus padres, vía Hamburgo. Su destino era una de las colonias agrícolas en Entre Ríos, iniciados con el apoyo del Barón Maurice Hirsch a partir de 1891. Pero al poco tiempo la familia se trasladó a Buenos Aires.

Simja Sneh tuvo una variedad de empleos, pero en 1949 se incorporó a la redacción de Die Presse, donde permaneció hasta 1951. Aun era posible ganarse la vida con el periodismo en Yiddish dado que había varios títulos en ese idioma, aparte de Die Presse, estaban Di Iddischen Titren, Der Vek, Modern Zerteg, etc. Pero también comenzó a escribir en castellano, colaborando durante años con Mundo Israelita.
En agosto de 1961 participó del lanzamiento de una revista bilingüe (en castellano y yiddish), Aleph, que reunió colaboradores y traductores que serían reconocidos en la literatura argentina, como Bernardo Verbitsky (1907-1979), César Tiempo (seudónimo de Israel Zeitlin, 1906-1980), Bernardo Ezequiel Koremblit (1916-2010), Luis Karduner (1907-1978), José Isaacson y Berta Senderey, entre otros.

De aquellos años data el recuerdo de Sneh de Isaac Bashevis Singer (1902-1991), premio Nobel 1979, escritor en yiddish, quien visitó la Argentina en busca de la personalidad judeo argentina y específicamente los colonos yiddish parlantes. El principal producto de esa visita es el cuento "La colonia", escrito en noviembre de 1968, luego incluido en la quinta colección de cuentos de Singer, "Un amigo de Kafka" (1970). El cuento "La colonia", dirigida a varias de las colonias que originó el Barón Hirsch, fue una severa crítica de los dirigentes de la colectividad y la “inteligencia” judía local por esforzarse más en sostener la identidad y el patrimonio cultural en la Argentina, descuidando principios religiosos que, decía Singer, debían ser protegidos.
“Es un cuento duro y severo. Bashevis Singer fue un gran escritor, pero quizás como muchos grandes tenía sus debilidades. Vino al país porque le habían dicho que había gran número de gente que hablaba Yiddish. Pero muy pocos conocían su obra. Eso le debe haber molestado. Muy pocos lo habían leído. Fue un gran escritor, pero como otros de su nivel probablemente pensaba que el mundo comenzaba y terminaba en su literatura,” explicó Sneh. Sin embargo, Sneh estaba de acuerdo con parte de la crítica de Singer ya que opinaba la intelectualidad judía en la Argentina debió hacerse oír mucho más en torno a situaciones como la dictadura, y los dos actos de terrorismo en la embajada y la AMIA.

La obra principal en el periodismo argentino fue su participación en la fundación de la revista Raíces, donde escribió de su comienzo en octubre de 1968 hasta su cierre en 1972. Fue considerada una de las grandes revistas culturales argentinas. Gabriel García Márquez le diría años después a Sneh que todo lo que sabía del judaísmo en la Argentina y de Israel lo había aprendido en las páginas de Raíces.
Sneh y familia pasaron buena parte de la década del setenta en Israel, experiencia que finalmente separó a sus hijos dado que las hijas volvieron a Buenos Aires con Sneh y Bejla y el hijo se instaló en Israel.

En 1979 se le solicitó que dirigiera una pequeña revista para la colectividad judía, pero declinó. Después de un allanamiento de su departamento en la avenida Corrientes, Sneh y Bejla se decidieron por el perfil bajo. La policía aconsejó no publicitar el allanamiento. Sneh perdió una parte importante de sus archivos.
Esa recordable voz arenosa se interrumpió con una risa. “Ha sido una vida rica en experiencia… y pobre en dinero. Dicen que los judíos tenemos plata, pero algunos de nosotros sólo juntamos papeles. Es mi único capital, y lo sigo usando.”

I.S.B.N : 9509829447

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